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Surf y bici por Nueva Zelanda durante un año: el desafío de un alicantino intrépido

Un alicantino recorre pedaleando y surfeando las islas norte y sur de Nueva Zelanda durante 10 meses

CELIA CONDE | VÍDEO: MANUEL R. SALA (@olovideo) | CULTURA- Atila Madrona, es un fotoperiodista alicantino, apasionado del mar y la montaña. Le gusta filmar su afición al surf y sus trayectos en bicicleta. Frecuentemente, comparte estos vídeos a través de su canal de Youtube y ahora también en su página «Don´t follow this bike». El pasado enero de 2015 hubo un punto de inflexión en su vida: emprendió un viaje a Nueva Zelanda con una tabla de surf como único equipaje y una bicicleta como medio de transporte. Para encauzarse en este proyecto dejó muchas cosas atrás, entre ellas, su puesto en Microsoft.
Nada le podía impedir realizar esta andanza por las antípodas. Su espíritu aventurero era mucho más fuerte. Después de un año sorteando dificultades y labrando amistades y aprendizajes en Nueva Zelanda, Atila ha querido compartir en un libro documental todas sus experiencias con los kiwis y por el país neozelandés. El libro lleva el mismo nombre que su proyecto: «Don´t follow this bike», ironizando con que dicha bici seguro que no tomará caminos cómodos y seguros, ya que la aventura es su único fin. Así que si se busca calma y tranquilidad mejor no agarrarse a esta bici imprevisible y loca por descubrir nuevos caminos.

«Don´t follow this bike»: motivación y aventura asegurada

Sin quererlo uno ya siente cierta tristeza al leer las últimas página de “Don´t follow this bike” y piensa que paulatinamente dejará de succionar del elixir de la vida que va goteando en cada una de las palabras y fotografías que componen el libro de Atila Madrona. No se quiere aceptar no ver a más Lars, Karos, Marks Sheehan or Julian Logans mientras se atraviesa por prados llenos de vacas curiosas o se surfea por derechas de ensueño, ni tampoco uno quiere dejar de asistir a un auténtico y accidentado Waitangi Day.

En cada uno de los once capítulos que estructuran el libro, se va siguiendo la ruta con un punto estático claro: la ciudad de Dunedin, que se mantiene fija mientras el dinamismo de los sucesos hacen de las suyas. Uno sabe que las páginas acabarán en el lugar dónde se empezó, pero aun así se muestra una resistencia tonta a no querer dejar el libro, a la vez que se siente una empatía sincera por aquel chico que ha estado sufriendo y disfrutando a la vez, la geografía neozelandesa y la bondad de los kiwis durante casi un año encima de su bicicleta y de su tabla.
Probablemente, el protagonista de la historia se enfrentaría a un dilema similar al llegar a Dunedin después de 10 meses pedaleando y surfeando 16.000 kilómetros por Nueva Zelanda. La aventura llegaba a su fin. La tristeza y la alegría se funden en los pálpitos acelerados del último esfuerzo de un viaje lleno de historias.

Simpatía, positivismo y espontaneidad

Una odisea que hace que el lector se sorprenda a sí mismo sentado en un “New Zealand bach” con la birra en la mano charlando con alguno de los personajes que retrata en su libro. Y es que, es fácil imaginarse las escenas que nos describe, ya sea por el lenguaje coloquial y directo, como por la simpatía, positivismo y espontaneidad que se reflejan a lo largo de todo el libro documental.
No es importante ser un experto en surf para entender el porqué la mayoría de las decisiones están condicionadas a buscar olas o surf spots por Nueva Zelanda. Ni tampoco es necesario entender la cultura del surf para comprender que existe una unión muy fuerte entre los surfistas, como con la comunidad de Christian Surfers, que aun sin conocerse de nada se puede crear fácilmente un vínculo especial. Simplemente es la magia de la pasión. La pasión por la fotografía, por el esquí, por los vídeo juegos o por la montaña. Todos nacemos con un don y dedicarnos a ello hace que sintamos esta pasión. El que diga lo contrario, miente y sólo es víctima de sí mismo al no haberse parado a escuchar su voz interior. Lo bonito de tener una pasión es compartirla ya sea con los que intervienen en ella como los que tienen otras diferentes. Exactamente lo que le ha sucedido a este joven alicantino.

La pasión como protagonista

Por tanto, este libro no es sólo la historia de un chico que cuenta sus hazañas por Nueva Zelanda, sino también la historia de alguien que tiene una fuerte pasión por algo y ésta es su principal motor de motivación. La pasión es la verdadera protagonista de este narración, la que le empuja a decidir un buen día ir a la otra punta del mundo. Confiar en que, a pesar de haber perdido el pasaporte el primer día de viaje, habrá una solución y que ésta será la encargada de llamar al primer personaje de la historia para que entre en escena. Así es como Atila conoció a Caitlin, compañera de viaje en el último vuelo a Nueva Zelanda, y como ésta le presentó a sus amigos apasionados del surf y de la “Scarfy life”, que “es el nombre popular que le dan los kiwis al tipo de vida de los jóvenes de Dunedin. Casas de madera echas polvos, las puertas siempre abiertas, el orden y la limpieza no parece importarles pero sí en cambio van a hacer surf o deporte al aire libre. Allí nunca se limpia, las moquetas tienen restos de comida podrida y cerveza derramada. Las apariencias son lo último en la escala de valores pero la hospitalidad y el buen rollo son lo primero”, describía Atila en un pie de página de  “Don´t follow this bike”.

Ingredientes necesarios para sentir la magia del universo

Sin duda, el amor que tiene el protagonista por la vida y por los personajes que la forman es puramente infinito. No caben en las páginas de un libro, ni en los numerosos vídeos que cuelga en su canal de Youtube. Atila es un chico que le apasiona la naturaleza, eso está claro. Le invade una curiosidad innata por saber y conocer a la gente, además de una capacidad instintiva de mimetizarse en la cultura kiwi.
Su experiencia plasmada en 227 páginas va dirigida a todos los públicos y es imprescindible para todo aquel que tenga un espíritu aventurero y le emocionen los retos. Ingredientes necesarios para sentir la magia del universo que hace que haya una unión irrompible entre las personas que viven de una manera auténtica sin darle la espalda a su verdadera esencia. Como decía Karo, una luchadora contra el cáncer que estaba padeciendo ella misma y que Atila conoció en sus últimos trayectos de su aventura, «Keep cycling, always believe in the magic of the univers. We are all one big familly».

Ordana Comunicación

Este artículo fue publicado originalmente en la web pregoner.es, un diario online comarcal puesto en marcha por componentes de Ordana Comunicación. Somos una cooperativa con 7 componentes especializados en distintas áreas: periodismo y publicidad, fotografía y vídeo, diseño web y marketing online. Entra en nuestro Portfolio para ver una selección de nuestros mejores trabajos. En nuestra página de contacto puedes solicitar más información de lo que podemos ofrecer como agencia de comunicación.

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